Tras las revueltas independentistas iniciadas a principios del siglo XIX hasta culminar en el año de 1821, la Nueva España se separó del control de España para pasar el control administrativo y material a los "criollos" (españoles nacidos en la Nueva España), evento que se logró a partir de la guerra independentista de 1810 hasta 1821, movimiento que fue iniciado por Miguel Hidalgo y Costilla y continuado por otros insurgentes.
La consumación de la independencia de México fue el inicio de una larga era de caos en México. Inmediatamente después de ganar la guerra de independencia, Agustín de Iturbide creó, con la ayuda de los conservadores, el primer imperio mexicano (1822-1823). Después de la caída de Iturbide, liberales y conservadores no se podían poner de acuerdo en el futuro del país: los liberales querían implementar cambios económicos, políticos y sociales, mientras que los conservadores querían mantener el sistema social existente.
El gobierno de Victoria entre 1824 y 1828 fue más o menos tranquilo gracias a los préstamos otorgados por Inglaterra que permitieron cubrir los sueldos de los empleados del gobierno y el ejército, pero a medida que se llegaban las elecciones, el clima se hacia turbulento, a merced de la disputa entre las logias masónicas por el control político y económico del país.
Aunque el ejército francés, entonces considerado uno de los más eficientes del mundo, sufrió una derrota inicial en la Batalla de Puebla el 5 de mayo de 1862, eventualmente derrotaron a las fuerzas del gobierno mexicano dirigido por el general Ignacio Zaragoza, y pusieron a Maximiliano como el emperador de México. Maximiliano de Habsburgo favorecía el establecimiento de una monarquía limitada que compartiría el poder con un congreso electo democráticamente.
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